Aquí no es una catástrofe quedarse sin señal o batería. Aquí, igual y no hay cobertura.
Aquí
no asusta salir de noche, o caminar por zonas peligrosas con temor de
ser asaltados o violentados de alguna forma; Aquí solo debes andar con
cuidado para no caer en la acequia, o toparse en el rostro con algún
frondoso árbol o inmensa roca. Aquí solo se debe tener miedo a animales
que atacan si son provocados o las picaduras de los mosquitos.
Aquí
no es necesario tener dinero para ir a la tienda por si te dio hambre.
Aquí tan sólo debes buscar el árbol indicado y saber jalar con cuidado
la fruta predilecta.
Aquí no existe el dilema de agua o gaseosa,
de si tomar coca, Pepsi, inca, o Fanta. Aquí el agua del chorro es
cristalina, rica y para todos.
Aquí no te tapas los oídos para no
ensordecer con tanto claxon, ni escuchar vociferar ni atender por
casualidad la conversación ajena. Aquí, te quitas los audífonos para
conversar con las aves, para captar la melodía que silba el viento, para
gozar del ruido del agua.
Aquí no ves el cielo para implorar
piedad y chocarte con carteles publicitarios y humo de los carros. Aquí
ves a la bóveda celeste para agradecer un nuevo día, para maravillarse
con sus colores y nubes de algodón, aquí lo ves para deleitarte con su
atardecer y para conocer cada constelación.
Aquí no hablas con las
personas para saber la hora, para pagar el pasaje o para pedir pase.
Aquí todos son hermanos, aquí todos se invitan el desayuno, se desean un
buen día y se regalan unas cuantas paltitas o naranjas para el camino.
Aquí
no importa quedarse dormido, aquí no esperas que el bus pase rápido o
que no te deje, aquí el jefe no regaña, no ves noticiero o no vives sin
sintonizar emisora. Aquí se camina, la chacra es tu amiga, y la lluvia,
tu mejor aliada.
Aquí no debes alejarte para hablar por teléfono. Aquí debes pararte sobre una piedrita y buscar algo de señal.
Aquí
no hay niños abandonados, ni mendigos en las calles, aquí no te piden
“propinita”. Aquí todos son o fueron fuertes y hábiles agricultores,
aquí los niños disfrutan la naturaleza y sus chaposas mejillas son
retrato de ello. Aquí, su sonrisa es sincera.
Aquí la gente te brinda ayuda no para tener recompensa. Aquí, simplemente son así.
Aquí no maldicen si se acaba el gas. Aquí la leña y el fogón le dan un sabor más rico a la comida.
Aquí la gente no pasea por el mall o centros comerciales.
Aquí caminan por la carretera, por el borde del rio o acequia, por sobre
las piedras.
Aquí no te trasnochas en internet. Aquí oscurece a las 6 de la tarde y el día empieza a las 5 am.
Aquí
no te pierdes una cena en familia, aquí no vive cada uno en sus
responsabilidades. Aquí valoran el calor de hogar, aquí la sobremesa es
de horas y cargada de recuerdos, anécdotas y risas. Aquí la guitarra al
borde de la fogata no puede faltar.
Aquí conoces, ríes, aprendes y
te diviertes, no con agencia turística y pagando pasajes, entrada y
gasolina. Aquí lo hacen porque es un gusto estar alado, aquí lo hacen
porque se quieren.
Aquí no tienes que decir a dónde vas, ni aprenderte calles ni avenidas. Aquí sólo debes decir que estarás por las uvas…
Aquí
eres tú, aquí sonríes, aquí respiras, vives, conoces y te maravillas,
aquí dan ganas de quedarse. Aquí las piedras brillan, aquí es el
paraíso.
Para Salmuche – Cascas, con amor
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